Voy a contarte desde cero cómo pensamos y ejecutamos la estrategia de marketing para llenar el restaurante. Sí, dije ESTRATEGIA. Porque cuando lanzas una novedad en tu restaurante es fundamental tener un plan y ejecutarlo con una hoja de ruta bien estructurada.

Te pongo en contexto. Beiruti es un restaurante libanés ya reconocido en Madrid. Hemos estado con ellos desde sus inicios. Con su identidad bien marcada y una clientela fiel, no era un restaurante “vacío” ni mucho menos. Pero en un momento empezamos a hablar de cómo podían ampliar su oferta gastronómica para facturar un poco más todos los meses.

Entonces empezamos a darle vueltas a una idea: había que crear una nueva propuesta gastronómica.

Un día llegué temprano a Beiruti y los vi desayunando una comida que jamás había visto. Me pareció muy curioso, sano y novedoso. Entonces pensé:

➡️  ¿Por qué no venderle esto a la gente?

Así surgió la idea de crear el primero y único brunch libanés de Madrid. Les pedí que trabajaran la propuesta gastronómica y nos la enseñaran. Cuando fui a la prueba terminé de convencerme de lo grandiosa que era la idea. Ahí fue cuando decidimos lanzarlo de verdad.

Y en ese punto entramos en lo que a mí más me interesa:
no solo crear algo nuevo y lanzarlo, sino lograr que la gente decida ir a probarlo.

Porque una nueva propuesta gastronómica no se vende solo por existir, ni por subir dos fotos a Instagram. Hay que construir el camino para que personas reales decidan ir, sentarse, probarlo y finalmente recomendarlo.

Nuestra tarea fue esa: promocionar el brunch de forma que no se quedara en algo “lindo en redes”, sino que realmente hiciera que la gente saliera de su casa. Que recorriera todo el embudo de ventas que planificamos.

Y dentro de esa campaña hicimos varias cosas a la vez. No por improvisar, sino porque cuando trabajas una campaña de marketing para un restaurante sabes que no todas las acciones pesan igual en el resultado final. Por eso es necesario ejecutar varias líneas de acción al mismo tiempo, para que todo termine en el objetivo final:

llenar el bendito restaurante.

Después de tener clara la propuesta del brunch, tocaba lo importante: hacer que la gente se entere… pero sobre todo que decida venir.

Y acá es donde empieza lo interesante, porque dentro de la misma campaña aplicamos distintas acciones que cumplían funciones diferentes. No todas estaban pensadas para lo mismo, y eso es algo que muchos restaurantes no tienen en cuenta.

Hoy te voy a comentar 3 acciones que realizamos, de las cuales las dos primeras no han funcionado como esperábamos, pero la última, ¡esa si que hizo que Beiruti reventara!

Una de las primeras cosas que hicimos fue un sorteo. Y si, es normal que pienses “ah, hicieron un sorteo y listo”, pero no. El sorteo tenía un objetivo claro: dar visibilidad al brunch y mover la cuenta, que se hablara del tema, e intentar que los que no ganaran el sorteo vengan a probar la experiencia al restaurante. Funcionó en seguidores nuevos, hubo comentarios y el brunch empezó a sonar.

Pero una cosa es que algo se mueva en redes sociales y otra muy distinta es que eso se traduzca en gente sentada a la mesa.

La persona que participa en un sorteo, en la mayoría de los casos, no está pensando en la experiencia gastronómica. Está pensando en ganar algo. Y eso cambia totalmente la intención.

Entonces, ¿sirvió el sorteo?
Sí, para que más gente conociera que existía el brunch.

¿Fue la acción que llenó el restaurante? No.

Y acá aparece algo clave dentro de la ciencia de llenar un restaurante: hay acciones que generan interacciones en las redes, y hay acciones que llevan clientes a las mesas. Una acción siempre debe tener un objetivo principal, no dos. 

Por eso, cuando alguien te diga que para que la gente vaya a un restaurante hay que hacer un sorteo en redes, por favor enviale este blog mío 🙂.

Otra cosa que planteamos fue una dinámica dentro del propio restaurante. Una idea pensada para trabajar la experiencia y, sobre todo, para que quienes ya habían probado el brunch tuvieran un motivo para volver en horarios más flojos.

Pusimos cartelitos para cada comensal, de un lado su nombre en árabe y del otro una frase para que la traduzca, si adivina el significado y sube el resultado a sus redes le invitábamos el postre a toda la mesa si venían a cenar de lunes a jueves por la noche.

La lógica era buena. La intención también. Pero acá chocamos con una realidad que muchos no ven desde fuera: el día a día de un restaurante.

Los camareros eran los encargados de colocar cada uno de los cartelitos en las mesas de cada comensal y escribir su nombre en árabe. Entonces dependíamos de que siempre haya un camarero que hable en árabe y además tenga ganas de escribir el nombre de cada persona y colocarlo en la mesa.

Cuando una acción depende demasiado de que el equipo la aplique mesa por mesa, en medio del servicio, con presión, con tiempos justos… es muy fácil que pierda constancia. No porque esté mal pensada, sino porque la operación manda.

Y eso también forma parte de esta “ciencia”: entender que una estrategia no vive solo en una idea bonita, vive en sí se puede aplicar de forma real, todos los días, en el ritmo del restaurante.

Ahora, lo que sí terminó moviendo de verdad el brunch fue otra línea de trabajo.

Acá nos enfocamos en algo muy concreto: generar deseo real. Mostrar el brunch como lo que es cuando estás sentado ahí: la mesa llena, los platos, la variedad, la gente disfrutando. Nada abstracto. Nada conceptual. Comida, momento, experiencia.

Ese contenido empezó a circular muchísimo. Pero no se quedó solo en “qué buena pinta tiene”. Detrás había un lugar claro a donde ir, con toda la información, con el precio, con los platos, con el botón de reserva. Todo a mano.

Ahí es donde se ve la diferencia entre hacer contenido y construir un camino hasta la mesa.

Y lo más interesante es que muchas personas llegaron por el brunch, conocieron el restaurante por primera vez… y después volvieron a probar la carta normal. Ahí es cuando una acción deja de ser algo puntual y se convierte en una rueda que sigue girando.

Aquí fue muy importante entender la forma en la que se grabó este video, pero otro día te explicaré con muchísima precisión todo lo que tienes que tener en cuenta para que tu video tenga el éxito que tuvo el nuestro.

Por último hay un mensaje muy importante que quiero darte.

Mucha gente piensa que el éxito vino por “el vídeo”. Como si subir un buen reel fuera suficiente para llenar un restaurante. Y no funciona así.

El vídeo fue la puerta de entrada, sí. Pero detrás había algo mucho más importante y muy robusto: el sistema preparado para convertir esa atención en clientes reales.

Cuando alguien veía el contenido y decía “quiero ir”, no podía encontrarse con dudas, desorden o falta de información. Tenía que llegar a un sitio claro, pensado para vender esa experiencia.

Este es el sitio ➡️ https://beiruti.es/brunch-libanes-madrid/

Por eso trabajamos una landing específica del brunch, dentro de una página web bien estructurada, donde todo estaba claro: qué incluye, cuánto cuesta, cómo es la experiencia y cómo reservar sin dar vueltas. Eso no se improvisa. Eso se diseña con estrategia.

Y esa web, a su vez, no estaba hecha “porque sí”. Venía de un manual de marca, de una estrategia de comunicación, de una identidad pensada para que todo lo que la persona ve, desde redes hasta la web, tenga coherencia y refuerce la decisión.

Porque si el mensaje en redes dice una cosa, la web transmite otra y la experiencia en sala es distinta, la confianza se rompe. Y cuando se rompe la confianza, no hay reserva. Sencillo.

Por eso siempre digo lo mismo:
esto no va de hacer un vídeo y cruzar los dedos.

Va de tener armado un sistema para captar clientes de forma constante. El contenido atrae, la web convierte, la experiencia fideliza. Todo forma parte de lo mismo.

📩 Entonces, si tienes un restaurante y estás lanzando algo nuevo, o sientes que podrías estar llenando más mesas de las que hoy llenas, es momento de hablar.

Y si conoces a alguien que tenga un restaurante y necesite entender todo esto, envíale ahora mismo este contenido.

Porque cuando de verdad entiendes cómo funciona la ciencia de llenar un restaurante, dejas de improvisar… y empiezas a ver el restaurante lleno más seguido.

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